Un piercing en la lengua o en el labio puede decir mucho de ti.
A veces es una forma de identidad, otras de rebeldía, otras simplemente de gusto personal.
Y no, no estamos aquí para decirte que está “mal”.
Pero sí para contarte algo que casi nadie explica con calma:
cómo ese pequeño metal puede afectar tu sonrisa con el tiempo.
Porque hay decisiones que se sienten pequeñas… hasta que el cuerpo empieza a hablar.
La boca es un lugar delicado (más de lo que parece)
A diferencia de un piercing en la oreja o la ceja, un piercing oral vive en un entorno especial:
- Humedad constante
- Millones de bacterias
- Contacto directo con dientes y encías
- Movimiento todo el día (hablas, comes, ríes, duermes)
Y ese roce continuo, aunque no lo notes, va dejando huella.
Cuando el metal empieza a tocar lo que no debería
Pequeños golpes, grandes consecuencias
Muchas personas llegan a consulta diciendo: “Solo se me astilló un poquito el diente…”
Ese “poquito” suele ser el inicio. El piercing golpea el diente una y otra vez, sin que lo notes.
Con el tiempo, el esmalte se debilita, aparece sensibilidad… y a veces, una fractura más seria.
El esmalte no se regenera. Lo que se pierde, no vuelve.
Encías que se van alejando
Otro efecto común es que la encía empiece a retraerse por el roce constante.
¿Qué se siente?
- Dientes más sensibles
- Dolor con el frío o el calor
- Raíces expuestas
- Cambios en la apariencia de la sonrisa
Y muchas veces, cuando te das cuenta… ya avanzó bastante.
La parte que casi nadie menciona: las infecciones
La boca ya tiene bacterias de forma natural. Un piercing es una “puerta nueva” para ellas.
Aunque te cepilles bien, pueden aparecer:
- Inflamación persistente
- Dolor
- Mal sabor
- Dificultad para hablar o comer
No es para asustarte, pero sí para que estés atento/a.
¿Y la lengua? También importa
La lengua tiene muchos nervios.
En algunos casos, el piercing puede afectar:
- La sensibilidad
- El gusto
- La forma de hablar
No pasa siempre, pero puede pasar. Y cuando ocurre, no siempre es reversible.
Si ya tienes un piercing oral, esto puede ayudarte
No todo es blanco o negro.
Si decides mantenerlo, cuida tu sonrisa con más conciencia:
✔️ Mantén una higiene bucal muy cuidadosa
✔️ Evita jugar con el piercing (sí, todos lo hacemos)
✔️ Acude a controles dentales con regularidad
✔️ Si hay dolor, sangrado o sensibilidad: no lo normalices
A veces, cuidarte también es saber soltar
Muchas personas, con el tiempo, deciden retirar el piercing.
No porque “esté mal”, sino porque su salud empieza a ser prioridad.
No es renunciar a quién eres.
Es elegir seguir sonriendo sin dolor.
Tu sonrisa también cuenta tu historia
Tu boca te acompaña todos los días.
En las risas, en las fotos, en las conversaciones importantes.
En Odontofas, nuestros especialistas en odontología pueden ayudarte a evaluar si un piercing está afectando tus dientes o encías y acompañarte sin juicios, solo con cuidado y orientación.
Agenda tu evaluación al 942 812 794. Porque expresarte está bien…y cuidarte, todavía mejor.
